Comisión de Memoria

Toda memoria es una reconstrucción más que un recuerdo

Queremos tener un espacio/tiempo dentro del encuentro y previo a él que desde el eje de la memoria, entendida como fuente y referente de construcción de identidad en determinados contextos políticos, sociales e individuales, pueda dibujar puentes de comunicación entre diferentes expresiones de los feminismos; visualizar el camino andado por los feminismos latinoamericanos en las últimas tres décadas

En este sentido, nos proponemos la lectura de algunos textos y la reflexión a partir de ellos para poder elaborar un concepto de lo que se quiere plantear. Convocaremos a lecturas y talleres a fin de enriquecer la propuesta, que circulará a nivel de la región. Con la propuesta consensuada se trabajará tanto desde lo nacional como desde lo latinoamericano.

Algunas de nuestras reflexiones

“Las identidades y las memorias no son cosas sobre las que pensamos, sino cosas con las que pensamos. Como tales no tienen existencia fuera de nuestras políticas, nuestras relaciones sociales y nuestras historias” (Guillis 1994).

No puede haber identidad sin memoria (como recuerdos u olvidos), pues únicamente esta facultad permite la conciencia de uno mismo en la duración. Gracias a la memoria en tanto recuerdo de los acontecimientos pasados, el sujeto tiene la sensación de continuidad temporal, de duración o de continuación de un estado.

No puede haber memoria sin identidad, pues la instauración de relaciones entre estados sucesivos del sujeto es imposible si este no tiene a priori conciencia de que este encadenamiento de secuencias temporales puede tener significado para él.

Toda persona que recuerda, domestica el pasado, pero sobre todo se apropia de él, lo incorpora y lo marca con su impronta, etiqueta de memoria manifiesta en los relatos o memorias de vida. A memorias totales le corresponden identidades sólidas; a identidades fragmentadas, memorias dispersas.

Esta relación de mutua constitución entre identidad y memoria implica un vaivén: para fijar ciertos parámetros de identidad (nacional, individual, o de cualquier tipo) el sujeto selecciona ciertos hitos, ciertas memorias que lo ponen en relación con “otros”. Estos parámetros, que implican al mismo tiempo resaltar algunos rasgos de identificación grupal con algunos y de diferenciación con otros para definir los límites de la identidad, se convierten en marcos sociales para encuadrar la memoria.

Los procesos de la memoria que nos ocurren, no suceden en individuos aislados sino insertos en redes sociales, en grupos, instituciones y culturas. Quienes tienen memoria y recuerdan, son individuos ubicados en contextos grupales y sociales específicos y es imposible recordar o recrear el pasado sin apelar a estos contextos.

Pues bien, sostener que la memoria es tiempo no quiere decir más que esto: la memoria es la facultad que nos permite ubicarnos, aunque nunca definitivamente, en los múltiples cambios a los que nuestra identidad espacio temporal nos tiene sometidos. La memoria hace posible que nos recoloquemos en el cambio.

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